Después del fuerte movimiento sísmico registrado en Colombia, una experta en seguridad y prevención explica qué hacer antes, durante y después de una emergencia. Tener un punto de encuentro, asegurar muebles, preparar un kit y entrenarse puede marcar la diferencia cuando los teléfonos, la infraestructura y la tranquilidad fallan.
La pregunta incómoda no es si volverá a temblar
Un sismo puede durar segundos. La preparación para enfrentarlo debería comenzar mucho antes.
Esa es una de las principales conclusiones que dejó el conversatorio realizado con Sandra Murillo, experta en seguridad y salud en el trabajo.
El punto de partida es sencillo, pero incómodo: la mayoría de las personas comienza a pensar en prevención después de que ocurre una emergencia.
Y ese es precisamente el momento en el que muchas de las decisiones importantes ya no pueden tomarse con tranquilidad.
“Siempre que hablamos de prepararnos para una emergencia, sea un sismo o cualquier otra situación, siempre vamos a pensar en un antes, un durante y un después”, explicó Murillo durante la transmisión.
La idea parece básica. En la práctica, obliga a revisar cuánto realmente estamos preparados.
Porque saber que existe un riesgo no significa estar preparados para enfrentarlo.

Antes del sismo: la prevención empieza en casa
La preparación no requiere necesariamente grandes inversiones. Comienza con observar el lugar donde vivimos, trabajamos o permanecemos buena parte del día.
Murillo recomienda identificar previamente los peligros y responder preguntas que muchas familias nunca se han hecho:
- ¿Cuál es la ruta de evacuación?
- ¿Dónde está el punto de encuentro?
- ¿Dónde se puede cortar el suministro de gas?
- ¿Dónde están los sistemas para cortar agua y energía?
- ¿Hay muebles pesados que puedan caer?
- ¿Los objetos pesados están ubicados en lugares bajos?
- ¿Existe un botiquín?
- ¿Hay un extintor disponible?
- ¿La familia sabe qué hacer?
- ¿Todos conocen un número de contacto?
- ¿Existe un lugar acordado para reencontrarse?
La prevención también implica revisar aquellos elementos cotidianos que normalmente pasan desapercibidos.
Una repisa, un televisor, un mueble pesado, un cuadro o cualquier objeto que no esté correctamente asegurado puede convertirse en un riesgo durante un movimiento fuerte.
Por eso, una recomendación fundamental es asegurar los muebles pesados y evitar colocar objetos de gran peso en lugares elevados.
También es importante revisar la ubicación de productos químicos y fuentes de calor, mantenerlos separados y evitar situaciones que puedan transformar una emergencia sísmica en otro evento, como un incendio o una fuga de gas.
La prevención, en otras palabras, no consiste únicamente en prepararse para el movimiento de la tierra.
Consiste en reducir las consecuencias que ese movimiento puede desencadenar.
El plan familiar que casi nadie tiene
Hay una pregunta que puede revelar rápidamente el nivel de preparación de una familia:
Si todos estamos separados cuando ocurre una emergencia, ¿dónde nos encontramos?
Una persona puede estar trabajando. Otra puede estar en la universidad. Un niño puede estar en el colegio. Otro integrante puede encontrarse en transporte público.
En ese escenario, intentar resolverlo todo en medio de la emergencia puede ser demasiado tarde.
Por eso, la recomendación es acordar previamente un punto de encuentro familiar y establecer un mecanismo básico de comunicación.
También conviene tener información esencial de cada integrante de la familia: documentos de identidad, afiliación a salud, grupo sanguíneo cuando se conozca y otros datos que puedan resultar relevantes en una eventual atención médica.
La información puede conservarse de manera física y digital, siempre teniendo en cuenta la protección de los datos personales.
No intente llamar a todo el mundo
Uno de los problemas que aparecen durante una emergencia es la congestión de las comunicaciones.
Después de un sismo, miles o millones de personas intentan comunicarse simultáneamente con familiares y amigos para saber si están bien.
La recomendación planteada durante el conversatorio es simple: si está a salvo, comuníquelo de manera breve y evite prolongar innecesariamente las comunicaciones.
Un mensaje corto como “estoy bien” puede ser suficiente para tranquilizar a familiares y, al mismo tiempo, contribuir a reducir la congestión de las redes.
Esto tiene una implicación importante: durante una emergencia, la comunicación también debe administrarse como un recurso.
Las líneas y los canales disponibles deben mantenerse, en la medida de lo posible, para quienes realmente necesitan solicitar ayuda o coordinar atención.
¿Qué debe tener un kit de emergencia?
Uno de los elementos centrales de la preparación es contar con un kit básico de emergencia.
Durante la conversación, Murillo recomendó incluir, entre otros elementos:
- Linterna, preferiblemente recargable o con un sistema alternativo de carga
- Radio con baterías o sistema independiente de alimentación
- Agua
- Alimentos no perecederos
- Ropa
- Botiquín
- Listado de números de emergencia
- Contactos de familiares
- Copias de documentos importantes
- Silbato
- Elementos para generar luz o fuego, según las condiciones de seguridad del lugar
El silbato merece especial atención. En una situación de atrapamiento, generar sonido puede facilitar que los equipos de rescate localicen a una persona.
Pero el kit no debería convertirse en otro objeto que se guarda y se olvida.
Debe estar ubicado en un lugar conocido por los integrantes de la familia y ser revisado periódicamente.
De poco sirve tener un kit si nadie sabe dónde está cuando llega el momento de utilizarlo.
Los niños también necesitan un plan
Una emergencia no afecta únicamente la infraestructura. También puede producir miedo, ansiedad y desorientación, especialmente entre los niños.
Por eso, la preparación familiar debe incluirlos.
Los menores deberían conocer, de acuerdo con su edad, cuestiones básicas como:
- Cuál es el punto de encuentro
- Quiénes son las personas de confianza
- Cuál es el lugar seguro de la vivienda
- Qué salida deben utilizar
- Qué hacer si están en el colegio
- Qué adulto deben seguir durante una evacuación
- Y, cuando tengan la capacidad para hacerlo, al menos un número telefónico familiar
La conversación con los niños debe evitar convertirse en una fuente adicional de miedo.
El objetivo es que conozcan el procedimiento y sepan que, ante una emergencia, deben mantener la calma y seguir las instrucciones de los adultos responsables y de los organismos de atención.
La experiencia relatada por Murillo después del sismo muestra precisamente la importancia de este componente emocional: en el colegio de su hija, además de explicar qué hacer frente a una eventual réplica, se realizaron actividades para ayudar a las estudiantes a tranquilizarse.
Preparar también significa enseñar a reaccionar.
Durante el sismo: correr puede no ser la mejor decisión
Cuando comienza un movimiento fuerte, la reacción instintiva puede ser salir corriendo.
Sin embargo, Murillo insistió en la importancia de detenerse unos segundos, observar las condiciones del lugar y mantener la calma.
Si la edificación no presenta desprendimientos, daños visibles u otras condiciones que indiquen un riesgo inmediato, la recomendación compartida durante la entrevista es evitar correr innecesariamente.
La razón es sencilla: durante un movimiento fuerte también existe riesgo de caídas y golpes.
La prioridad debe ser protegerse y actuar de acuerdo con las condiciones específicas del lugar.
Entre las recomendaciones mencionadas están buscar una posición segura, agacharse o protegerse junto a una estructura estable y evitar permanecer cerca de elementos que puedan caer.
También se hizo énfasis en no ubicarse bajo los marcos de las puertas como regla general de protección.
Y hay otro elemento fundamental: no aumentar el pánico de las personas que están alrededor.
Gritar, correr sin dirección o generar rumores puede dificultar todavía más la respuesta colectiva.
El error de las cadenas y los rumores
Una emergencia también puede producir una segunda amenaza: la desinformación.
Durante la transmisión se mencionó la circulación de mensajes que anunciaban supuestos sismos a determinadas horas.
Ese tipo de contenidos puede generar miedo sin aportar ninguna herramienta real de protección.
La recomendación es acudir a canales oficiales y evitar compartir información cuya procedencia no pueda comprobarse.
En una emergencia, una información falsa no es simplemente un dato equivocado.
Puede generar desplazamientos innecesarios, pánico, congestión de comunicaciones y decisiones peligrosas.
La responsabilidad ciudadana también incluye saber cuándo no compartir.
¿Y después del sismo?
El final del movimiento no significa necesariamente el final de la emergencia.
Después de un evento sísmico es necesario revisar las condiciones del lugar en el que se encuentra.
Murillo recomienda verificar posibles grietas, fisuras, desprendimientos u otras condiciones que puedan representar un riesgo.
También es el momento de evaluar qué funcionó y qué falló.
¿La familia logró comunicarse?
¿Todos sabían dónde encontrarse?
¿Alguien sabía dónde estaba el kit?
¿Los elementos estaban realmente disponibles?
¿La evacuación fue ordenada?
¿Hubo confusión?
Cada una de esas preguntas permite mejorar la preparación para una próxima emergencia.
Y si se utilizaron suministros del kit, deben reponerse.
La prevención no termina cuando pasa el peligro. Se fortalece aprendiendo de lo que acaba de ocurrir.
Las empresas también tienen una deuda con la prevención
El aprendizaje no aplica únicamente para los hogares.
En las empresas, la gestión de emergencias debería ir mucho más allá de tener un documento archivado.
Una organización puede contar con un extenso plan de emergencia y, sin embargo, descubrir durante un evento que sus trabajadores no saben qué hacer.
Ese es uno de los puntos ciegos más importantes.
Un plan que nadie conoce difícilmente puede considerarse una verdadera herramienta de prevención.
Por eso resultan fundamentales las brigadas, los simulacros y la asignación clara de responsabilidades.
¿Quién lleva el botiquín?
¿Quién coordina la evacuación?
¿Quién verifica determinadas áreas?
¿Dónde está el punto de encuentro?
¿Qué ocurre con las personas que requieren asistencia?
Las respuestas deben conocerse antes de que ocurra la emergencia.
El simulacro no debería ser una pausa activa
Tal vez una de las reflexiones más relevantes de la conversación está relacionada con los simulacros.
En muchas organizaciones, el simulacro puede convertirse en una actividad rutinaria: suena una alarma, las personas salen, se reúnen, conversan y regresan a sus puestos.
Pero el verdadero propósito es otro.
El simulacro debe funcionar como entrenamiento.
Murillo explicó que estas prácticas ayudan a generar una especie de automatización de las respuestas, tanto desde lo físico como desde lo emocional.
Cuando una persona ya ha practicado una ruta de evacuación, sabe dónde está el punto de encuentro y conoce sus responsabilidades, puede reducir la incertidumbre cuando enfrenta una situación real.
No se simula para cumplir. Se simula para aprender a reaccionar.
El punto ciego: creemos que prevenir es gastar
Existe una paradoja en la prevención.
Los recursos destinados a prevenir una emergencia suelen parecer un gasto cuando no ocurre nada.
Un botiquín que nunca se utiliza.
Una capacitación que parece innecesaria.
Un simulacro que interrumpe una jornada laboral.
Un kit de emergencia guardado durante meses.
Un extintor que nadie espera utilizar.
Pero precisamente ahí está el problema.
El éxito de la prevención suele ser invisible.
Si una medida funciona, muchas veces no hay una tragedia que contar.
Durante la entrevista, Murillo recordó una reflexión atribuida a Kofi Annan sobre la dificultad de construir una cultura de prevención: los costos se pagan en el presente, mientras que los beneficios aparecen en un futuro que puede parecer distante y se materializan, justamente, en los desastres que no ocurren.
Ese es quizás el principal desafío cultural.
La prevención exige invertir hoy en algo que esperamos no tener que utilizar mañana.
¿Qué debería hacer una familia desde hoy?
No hace falta esperar al próximo sismo para empezar.
Una familia puede comenzar con acciones sencillas:
Primero: identificar los lugares seguros y las rutas de evacuación
Segundo: establecer un punto de encuentro
Tercero: revisar muebles, repisas, televisores y objetos pesados que puedan caer
Cuarto: identificar cómo cortar los servicios de gas, agua y energía cuando corresponda y de manera segura
Quinto: preparar un kit básico de emergencia
Sexto: organizar documentos e información relevante
Séptimo: acordar una estrategia de comunicación familiar
Octavo: conversar con los niños sobre qué hacer
Noveno: conocer los organismos de socorro y servicios de emergencia disponibles en la zona
Décimo: practicar
Porque la preparación que nunca se practica puede fallar justamente cuando más se necesita.
Una cultura de prevención no se construye después de la tragedia
El sismo puede desaparecer de las noticias en pocos días.
La necesidad de prepararse permanece.
Link de video
¿Se puede prevenir una emergencia?
En nuestro podcast analizamos esta pregunta y hablamos sobre la importancia de estar preparados antes de que ocurra una situación de emergencia. Escucha el episodio aquí.
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